A propósito de La Saeta

 

1.- ¡Que no encuentre el saetero
quién le preste la escalera!
¡Que no encuentre la manera
de subir a ese madero!
Pues si el Cristo verdadero
en la cruz murió clavado,
nadie sea tan osado
que corrija a Dios su tino.
¡Desde la cruz, el camino
señale el Crucificado!

2.- No puedo cantar, ni quiero,
−nos dice la poesía−
ni al Jesús de la agonía,
ni a ese Jesús del madero.
Mas era Dios verdadero
quien en la cruz fue clavado.

No es más Dios si, desclavado,
es bajado de la cruz:
¡es más amor y más luz
en la cruz crucificado!

3.- El mismo Jesús que hacía
milagros y curaciones,
predicaba sus sermones
y su doctrina exponía.
Pero la gente veía
que era duro de aceptar.
Y no canta su cantar
a ese Jesús exigente,
ni a ese Mesías doliente,
sino al que anduvo en el mar!

4.- Nace el hombre en el dolor
y a la muerte está esperando,
mas sus signos ocultando
no tranquiliza su humor:
es buenismo tentador
y táctica de avestruz.
No por ocultar la cruz
se acaba el dolor humano:
en ese signo cristiano
lo ha vencido ya Jesús.

5.- El Viernes Santo primero
le gritaban a Jesús:
⎯¡Que se baje de la cruz,
si es Mesías verdadero…!
El grito del saetero
es la misma tentación.
No aprendemos la lección
y pedimos milagrismo,
mas de Cristo el cristianismo
tiene dolor y pasión.

6.- ⎯De en medio, la cruz quitemos,
que da trauma su presencia,
y remedio, ya en su ausencia,
a muerte y dolor daremos.
A Cristo desenclavemos;
lo demás, solo se irá⎯.
Pero Jesús no se va:
quiso morir en la cruz
para servirnos de luz,
y nunca se bajará.

7.- En Jesús el Nazareno
no puede creer alguno
sin un milagro oportuno
o sin un saber bien pleno.
En la cruz brilla sereno
milagro y sabiduría.
Mirando la cruz podría
ese misterio entender
quien, sincero, quiera ver
lo que la cruz le diría.

8.- Porque la cruz es señal
de que fuimos redimidos
y seremos admitidos
al banquete celestial.

Y en este firme puntal
se sujeta nuestra vida:
la muerte ya está vencida,
y vencido está el dolor.
¡Vida, alegría y amor
triunfan en la cruz erguida!

9.- Creo en Ti por tus acciones,
por tu enseñanza y doctrina,
por tu persona divina,
milagros y curaciones.
Pero tengo otras razones
que me mueven a quererte:
me mueve, Señor, el verte
clavado y escarnecido,
ver tu cuerpo tan herido,
tus afrentas y tu muerte.

10.- Y me conmueve tu amor
por gratis e inmerecido,
y no ser correspondido
por el hombre pecador.
¡Yo quiero amarte, Señor,
sin que bajes del madero!
¡Márchate, pues, saetero,
o cambia ya de saeta,
que lo que dice el poeta
es falaz, no verdadero!

Por José Luis Rodríguez Ibáñez

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