De El Cristo a Udaloste

 

El próximo 1 de mayo el Centro Residencial Udaloste cumple seis meses de vida. Fue el 1 de noviembre de 2016 cuando comenzó su andadura este proyecto educativo, enmarcado dentro de lo que se conoce como “Preparación para la emancipación” y dirigido fundamentalmente a atender de manera integral a 24 adolescentes de entre 14 y 17 años.

Udaloste está ubicado en Bilbao, en la calle El Cristo, nº 9, un lugar con mucha historia y muy vinculado a los amigonianos, ya que allí se ubicó también la Casa de Observación y Clasificación El Cristo, que luego se convertiría en Residencia Uribarri, nombre tomado del propio barrio en el que se ubica.

Una historia que comienza hace 100 años

La institución, denominada entonces Casa-Refugio, se inauguró el 25 de febrero de 1917, con la presencia del autor de la Ley Tutelar -hecha realidad al año siguiente, 1918-, don Avelino Montero Ríos, y de su colaborador don Gabriel Mª de Ybarra. Se destinaba a la acogida provisional de menores abandonados, mientras se decidía su colocación en familias o en otro centro educativo y estaba a cargo de los Hermanos Lamenesianos.

Después de la Guerra Civil, se hicieron cargo de la institución los Clérigos de San Viator y, desde 1957, la dirección y régimen educativo del Centro pasó a estar a cargo de los amigonianos. Era propiedad del Consejo Superior de Protección de Menores y estaba al servicio del Tribunal Tutelar de Menores y de la Junta Provincial de Protección de Menores.

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Los primeros amigonianos

La primera presencia amigoniana estuvo integrada por el padre José Mª Pérez de Alba y el P. Eusebio Álvarez Díez. En julio de 1957, el P. José Mª fue nombrado primer Superior de la Institución, y se mantuvo en el cargo hasta 1963.

Su capacidad media entre los años 1957 y 1963 fue de unos setenta alumnos, distribuidos en enseñanza elemental, media y profesional. Con el traslado de los menores internos a las nuevas instalaciones del Colegio San José Artesano de Loiu, que fue inaugurado el 24 de octubre de 1963, la Casa de El Cristo cerró.

Tras permanecer cerrada ocho años y después de haberse realizado notables mejoras, la Casa de El Cristo se reabrió como Centro de Detención y Clasificación, y el Consejo General aceptó que la Congregación se hiciese de nuevo cargo el 23 de octubre de 1971.

La finalidad última de los educadores era la de conducir a sus alumnos a una progresiva socialización, ayudándoles a adquirir madurez y autonomía y teniendo siempre presente que los prepara para vivir no en el grupo sino en la sociedad, entendiendo la educación como acción integradora de todas las fuerzas que cooperan en plenitud del individuo.

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“Si bien es cierto que la finalidad del Centro consiste en realizar la observación, diagnosis y orientación de los muchachos que nos remiten la Junta y el Tribunal de Menores, también lo es que estos chicos llegan a nosotros con una serie de alteraciones, anomalías e inadaptaciones de diversos tipos y grados que, desde nuestra perspectiva de educadores, requieren nuestra atención y el tratamiento terapéutico adecuado. Pero sin menoscabo de satisfacer este primordial objetivo, iniciamos el proceso terapéutico de regeneración y rehabilitación social del menor”, explicaba el director, P. Jesús Lafuente, en 1983.

Por aquel entonces, el centro contaba con dos grupos: el de niños-preadolescentes, que eran 17, y tenían una medida de edad de 12 años, y el de jóvenes-adolescentes, que eran 14, y cuyas edades oscilaban entre los 14 y los 16 años.

De El Cristo a Uribarri

Entre los años 1986-1989 la Casa dejó de ser Centro de Observación para convertirse en Centro educativo para jóvenes de entre 14 y 18 años cuya deteriorada situación familiar aconsejase su internamiento.

Posteriormente, en 1996, ante el traslado a Santurce de la institución -que desde hacía ya algún tiempo había sido rebautizada como Residencia Uribarri- el Consejo Provincial determinó, el 15 de julio, que los dos únicos religiosos que continuaban trabajando allí pasaran a formar parte de la comunidad del Hogar Saltillo y atendieran desde allí sus compromisos laborales. El 23 de septiembre de ese mismo año, el Consejo General suprimió canónicamente la Casa religiosa que, desde 1971, había estado establecida en El Cristo, Bilbao.

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“Llegué a Bilbao a finales del verano del año 1983”, cuenta Fr. Delfín Pereda, uno de los integrantes de esa última comunidad. “En el entonces Colegio El Cristo había dos grupos educativos ubicados cada uno en diferentes plantas. La planta de abajo era ocupada por los niños, la planta segunda por las oficinas y residencia de los religiosos, y la tercera por el grupo de jóvenes, que estaban entre los trece y dieciocho años. Dos plantas más debajo de nosotros se ubicaba la Junta de Protección de Menores de Vizcaya”

“Disponíamos de un gabinete psicopedagógico, regido por el padre Julio Ollacarizqueta, de cuyo trabajo nos aprovechábamos para, contrastado con lo que observábamos en el contacto diario con los chicos, realizar los informes, hacer las propuestas tanto de permanencia en el centro como de salida a sus hogares, o de traslado a otros centros educativos. Ejercíamos como centro de acogida, detención, diagnóstico y tratamiento, y planificábamos los trabajos a realizar con cada menor. Anualmente, casi se renovaba la totalidad de menores atendidos”, explica Delfín.

Trece años en Bilbao

“Fueron trece años, de 1983 a 1996, en los que formé parte de comunidades religiosas numerosas y comunidades con cuyo número no llegábamos a comunidad canónica. Comunidades educativas donde la mayoría éramos religiosos y comunidades educativas en la que los religiosos apenas éramos dos. Pero fueron años de muchas vivencias, experiencias educativas, aprendizajes de convivencia y colaboración, de trabajo en equipo con compañeros religiosos y no religiosos”, recuerda.

“En los trece años de permanencia en este servicio, me tocó hacer de educador del grupo de niños, educador del grupo de jóvenes y, finalmente, de director del centro. En este último puesto se realizó el cambio de Colegio El Cristo a Residencia Uribarri. Finalmente, nuestro trabajo allí terminó por decisión de las autoridades de la Diputación, pero la experiencia educativa no terminó del todo, pues fue “copiada” y puesta en práctica en otros lugares y por otros equipos”, concluye Delfín.

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De Uribarri a Udaloste

Y de 1996 llegamos a 2016, año en el que los amigonianos regresan a lo que fue la Residencia Uribarri. “En 2016 se vuelve a producir un repunte en la llegada de adolescentes extranjeros. Ante el incremento de la presencia de menores extranjeros no acompañado (MENAs) en Vizcaya, el Instituto Foral de Asistencia Social y el Servicio de Infancia de la Diputación toman la decisión de incrementar plazas en recursos estables. En octubre, inician el proceso de búsqueda de posibles inmuebles que reúnan las condiciones, y solicitan la disponibilidad y apoyo de los Amigonianos”, indica José Antonio Fernández Grau, director del Centro Residencial Zabaloetxe de Loiu.

“Al final, se decide ubicar en este inmueble el Centro Residencial Udaloste, que en euskera significa “detrás del ayuntamiento”. Tras un breve periodo de rehabilitación y adaptación de la 2ª planta del edificio y la firma de un convenio de colaboración con la Provincia, el Centro empezó a funcionar el 1 de noviembre de 2016”, cuenta José Antonio.

“Se trata de un centro para adolescentes, concretamente para menores de entre 15 y 18 años. El Centro tiene 24 plazas (divididas en dos pisos, 12 plazas por cada piso). Inicialmente, comenzamos con 12 menores, pero ahora ya acogemos a 24”, cuenta José Carlos Miguel, director del Centro Residencial Udaloste.

“Desde el punto de vista legal, estos menores han sido declarados por la administración en situación de riesgo o de desamparo, por lo que tratamos de prepararlos y apoyarlos para la vida independiente y su integración en un entorno social y laboral, mediante la promoción de habilidades específicas que les capaciten para vivir de la forma más autónoma posible”, destaca el director del centro.

“Se trata de que sean conscientes de su realidad personal y social, y de ofrecerles alternativas y herramientas para lograr desenvolverse de forma satisfactoria como adultos. Y nosotros, como educadores referentes, con nuestra presencia y acompañamiento durante todo el proceso, les ayudamos y contribuimos a que alcancen progresivamente estos logros”, concluye José Carlos.

Una labor pedagógica que los amigonianos comenzaron en este edificio de la calle El Cristo en 1957, y que 60 años después aún sigue vigente en el Centro Residencial Udaloste.

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