"Cambié mi futuro por mí y por todos los que me quieren, si no cambias no tienes futuro"

Miguel Giner Quevedo Reeducado en la Colonia San Vicente Ferrer

Pese al aumento de condenas a menores, hay un lugar para la esperanza. El ejemplo es Miguel Giner Quevedo. Ahora tiene 18 años, pero un pasado de maltrato en el ámbito familiar le valió un internamiento en la Colonia San Vicente Ferrer de la Generalitat. Su voluntad y la labor de los educadores han amasado un cambio. Y de masa Miguel entiende un rato, pues ahora se gana la vida como cocinero en el restaurante de un prestigioso 'cheff' valenciano. El joven desgrana las claves de lo que fue y lo que es ahora. La receta de su propio cambio.

 

-¿Qué se torció para acabar internado?

-De todo un poco. Los amigos, la calle... Mucha calle. El robo... Las drogas te llevan al robo, a discutir con tu madre. Llegué aquí por robar y por problemas de convivencia familiar.

-¿Y qué hay del daño que causabas a los demás con tus actos?

-Cuando eres tan joven no te das cuenta. No lo percibes.

-Realmente, ¿cambiaste por miedo a las consecuencias?

-Cambié por mí y por todos los que me quieren. Y porque si no cambias no tienes futuro en esta vida. Me planteé muchas cosas y cambié por ilusión, por poder vivir la vida como cualquier persona normal.

-¿Y cuál fue la chispa de ese cambio? ¿Qué marcó la frontera?

-Estar aquí hace mucho. Si no hubiera estado no se qué hubiera sido de mí. Fue una detrás de otra. Te gusta hacer bien las cosas y piensas que te lo mereces. Hice cosas buenas, una tras otra, y vi que era bueno para mí.

-¿Qué aportó la Colonia?

-Muchas cosas. Valorar lo que tienes fuera y darme cuenta de que lo que hacía no estaba bien. También disciplina, levantarme pronto, querer a mi madre un poco más, aprovechar el tiempo...

-¿Cuándo sentiste la necesidad de pedir perdón?

-Esa necesidad siempre se tiene. Y la tenía antes. A veces pedía perdón, pero claro, de que lo pidas a que... (suspiro).

-¿Aún te queda alguien por pedir perdón?

-Me queda mucha gente aún.

-¿Cómo ves la vida ahora?

-Más calmadita. Tengo mi trabajo de cocinero y cuando no, descanso, estoy con la chavalita y con mi madre. Con los amigos, lo justo. A ver si puedo ir avanzando. El futuro lo veo bien, poniéndole ganas.

-¿Por qué la cocina?

-Mi madre era buena cocinera. Con 10 u 11 años, cuando ella se iba a trabajar, yo ya sabía cocinar bien.

-¿A qué temes?

-A lo impulsivo que soy. A que me vaya una noche de fiesta y la líe un poquito.

-¿Qué dirías a los chavales si fueras director de este centro?

-Que aprovechen el tiempo que estén en el centro. Que no lo hagan sólo por salir. Que pidan un cursillo de reinserción laboral. Que mire los fallos que tengan y los arreglen bien.

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