Luis Amigó, un corazón compasivo que no se quedó sólo en la compasión

 

Homilía de D. José Sánchez González, Obispo emérito de Sigüenza-Guadalajara en el 125 Aniversario

Textos: Tercer Domingo de Pascua (A)
Hech 2, 14. 22-23. 1 Pe 1, 17- 21. Lc 24, 13-35

Introducción

Como siempre, en toda Eucaristía, la palabra de Dios, que acompaña la renovación y actualización de de la entrega del Señor, como prueba de su amor y de su misericordia infinita, nos ayuda a entender toda otra celebración, como la que hoy estamos viviendo, el 125 Aniversario de la fundación de la Congregación de los Terciarios Capuchinos, Amigonianos, por Luis Amigó.

El sacerdote Luis Amigó, en su visita y atención pastoral a los reclusos en la cárcel de Santoña, vivió la dura experiencia de la convivencia en la misma cárcel de niños de corta edad con reclusos adultos. Esta dolorosa experiencia le llevó a la fundación de las dos congregaciones religiosas, que tuvieran como carisma y dedicación principal ayudar a los jóvenes de ambos sexos, que, por circunstancias de la vida, a veces sin tener mayor culpa, terminaban presos en las cárceles o abandonados a su suerte en la calle.

El 12 de abril de 1889, Luis Amigó fundó la Congregación de los Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores. Cuatro años antes, el 11 de mayo de 1885, había fundado la Congregación de las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia. Luis Amigó demostró con estas fundaciones un corazón compasivo, que no se quedó en el puro sentimiento de compasión, sino que lo tradujo en obras dedicando toda su vida y la de sus dos congregaciones a llevar el amor de Dios y su infinita misericordia a los más necesitados de amor y de atención, los jóvenes marginados y excluidos.

Pero, ¿de dónde le viene o le sale a Luis Amigó este sentido afectivo y, a la vez efectivo, práctico, de la misericordia? Sobre todo, porque se trata de un amor no común, ya que va acompañado de la entrega total y perpetua de la persona y que tiene como referente el amor de Cristo de amar como Él amó.

1. El encuentro con el Señor, fuente del amor y de la misericordia

Cualquiera de las tres lecturas de este III Domingo de Pascua, que celebramos adelantado a la Víspera del Sábado, nos podía servir de referencia para encontrar la respuesta a esta pregunta sobre la fuente de donde Luis Amigó sacó la luz y la fuerza para sus obras y para su vida. Me fijaré en el relato del Evangelio.

En él se nos revela la diferencia del estado de ánimo de los dos Discípulos de Jesús, camino de Emaús, antes del encuentro con el Señor Resucitado y después del encuentro. Llegado ya el tercer día después de la muerte de Jesús, sin haberle visto resucitado, a pesar de que unas mujeres hablaban de signos que podían ser entendidos como de que había resucitado y lo mismo otros relatos de otros discípulos, a los, en el camino hacia Emaús, no les parecieron suficientes y se marchaban de Jerusalén desanimados, desencantados y sin esperanza. Mantenían la añoranza y la nostalgia y ocupaban su conversación hablando de Jesús; pero muerto. Hablaban, aunque con cariño y nostalgia, pero de un muerto.

El trecho del camino realizado en compañía de Jesús, que se les incorpora, aunque no lo conocieron y lo consideraron un caminante más, les sirve de preparación para el encuentro, porque les explica el sentido de la Escritura y hace que les arda el corazón. En esta actitud, insisten al caminante que no continúe el viaje, sino que se quede con ellos. Jesús accede. Se sienta con ellos a la mesa, parte el pan, signo de la Eucaristía. Con ello, se les abrieron los ojos de la fe. Creyeron que el caminante que les había acompañado era el Señor resucitado. Jesús desapareció de su vista; pero no de su corazón y de su lengua. A prisa volvieron a Jerusalén a comunicar a los demás discípulos que Jesús había resucitado. Ya para siempre hablarían, no de un muerto, sino del Señor Resucitado, que vive para siempre.

La escucha de la palabra del Señor, la participación en la Eucaristía y el acompañar y dejarse acompañar por el Señor, presente en el hermano peregrino, hambriento, desnudo, preso... en los que están como ovejas sin pastores la forma común del encuentro con el Señor, capaz de transformar nuestra vida y convertirnos en instrumentos de transformación de la vida de los demás.

Esta fue, sin duda, la experiencia de Luis Amigó, que vivió el encuentro con el Señor en la escucha atenta de la palabra de Dios. Recordemos su alusión a la constatación del Señor que se compadece de la muchedumbre, porque están como ovejas sin pastor y Él se pone a enseñarles con paciencia y a curarles de sus dolencias y dice a sus discípulos: "Dadles vosotros de comer"

Parece que en el encuentro de Luis Amigó con el Señor fue definitiva la experiencia del encuentro con los niños y jóvenes presos en la cárcel de Santoña, mezclados con los adultos y expuestos a tantos riesgos y peligros. Ahí y de esta forma, escuchó Luis Amigó la palabra del Señor de "ir en busca de la oveja perdida como zagales del Buen Pastor"

2. Experiencia que se traduce en obras de amor y misericordia

Pero no se quedó en un fácil lamento, en un consejo de que aguantaran; ni siquiera sólo en una mera denuncia de la situación de aquellos jóvenes reclusos ante las autoridades. Se puso manos a la obra y con la dedicación plena y la entrega incondicional de su persona y las de sus hermanos y hermanas inició la obra que hoy continúa de estar al lado de los que sufren, especialmente por la falta de libertad y muy especialmente de los jóvenes.

Hoy, la obra de Luis Amigó, iniciada con los jóvenes reclusos y abandonados, se ha diversificado. Como he podido comprobar personalmente en otros lugares, especialmente en Alemania, las Terciarias y los Terciarios Capuchinos acuden allí donde la persona humana, sobre todo del joven o de la joven sufre por la falta de libertad. Las causas de esta falta de libertad son muy diversas. En unos casos se trata de factores externos, como pueden ser la reclusión, la trata, el trabajo de esclavos, el abandono, la guerra, el destierro... Otras veces, la falta de libertad es originada por factores internos a la propia persona, como puede ser el consumo de droga, la prostitución voluntaria, la ausencia de Dios...

Esta conmemoración del 125 Aniversario de la fundación de los hermanos amigonianos y de las hermanas terciarias capuchinas nos ofrece la oportunidad de dar gracias a Dios por todas las buenas obras de amor, de entrega, de servicio, de acogida, de acompañamiento, de ayuda a la rehabilitación y recuperación de la verdadera libertad, que Dios ha realizado por mediación de los hermanos y hermanas hijos e hijas espirituales del P. Luis Amigó.

3. Modelo a imitar válido para nuestro tiempo

La celebración del 125 Aniversario de la fundación ha de constituir también un estímulo, en primer lugar, para todos los terciarios capuchinos y las terciarias capuchinas para renovar vuestro compromiso de amor misericordioso, de entrega y de servicio a los más humildes, marginados y excluidos, muy especialmente a los jóvenes.

Es una excelente ocasión para que, siguiendo las enseñanzas y los ejemplos de vuestro fundador, pidáis la gracia de progresar en el amor oblativo a los jóvenes, como el Señor nos mandó, de amar como Él nos amó.

Sigue siendo una realidad presente y preocupante la de los jóvenes reclusos, aunque las leyes han puesto remedio a algunas de las situaciones del tiempo del P. Luis Amigó; pero no a todas. Sigue habiendo jóvenes abandonados y niños de la calle y niñas y jóvenes víctimas de la guerra, de la prostitución y de la trata; emigrantes, desterrados y exiliados. Y el alcohol y la droga siguen causando estragos. ¿Y qué decir de los parados, de los que carecen de la formación más elemental, de los abandonados por su propia familia? Y son muchos los niños y los jóvenes que sufren en el cuerpo y en el espíritu... Y sigue siendo frecuente la peor de las pobrezas, la falta de Dios y la ausencia de referencias sobrenaturales por la fe y la esperanza que puedan dar sentido a tantas vidas sin sentido. Continúan, en definitiva, las viejas pobrezas y han surgido también nuevas pobrezas, a las que se os llama a acudir y a mostrar con vuestro trabajo y vuestro testimonio las entrañas de misericordia del Señor y la presencia del Resucitado en las vidas de los hombres y mujeres de hoy, especialmente de los niños y de los jóvenes.

Pero no sólo para los terciarios capuchinos y capuchinas constituye Luis Amigó un ejemplo a seguir; sino para todos nosotros. No podemos pasar indiferentes al lado de tantas personas – adultos, jóvenes y niños – privados de libertad, sea por la razón que sea y conformarnos, cuando más, con un sencillo lamento o sólo con pedir responsabilidades a la autoridad. Más grave aún sería que con harta facilidad, echemos la culpa al que sufre y consideremos que se lo tiene bien merecido.

Cuando hace unos años comenzó el régimen democrático en España. Algunos pensaron que el llamado "Estado social de bienestar" se bastaba a sí mismo para remediar todos lo males y carencias. Que llegaba el establecimiento de la auténtica justicia y que ya no haría falta la caridad y la misericordia, propias, según ellos, de tiempos y de planteamientos paternalistas.

Ciertamente al Estado corresponde buena parte del remedio y de la prevención de los males que aquejan a los hombres y mujeres, especialmente a los jóvenes de nuestro tiempo. Y así tenemos que denunciarlo y exigir responsabilidades. Pero se sigue cumpliendo la palabra del Señor de que a los pobres siempre los tendréis con vosotros y nunca un cristiano puede decir, como Caín: ¿Qué me importa a mí de mi hermano?

Conclusión

Como Luis Amigó, como los dos de Emaús, dejémonos acompañar por el Señor, al que hemos de ver en el hermano que sufre, Pongámonos al alcance de la palabra de Dios preguntándonos: ¿Qué me pide a mí el Señor en las situaciones que vivimos? Como en este momento, en que celebramos la Eucaristía o Fracción del Pan, dejémonos contagiar de los mismos sentimientos que tuvo el Señor al instituirla como memorial de su muerte por todos y de su resurrección. También arderá nuestro corazón, llevaremos a los demás en palabras y obras la alegría del Señor resucitado y seremos instrumentos eficaces de la verdadera liberación.

No olvidemos, además, y menos en el mes de mayo, de especial devoción a la Virgen María y, no digamos, en Valencia, que Luis Amigó, por su especial devoción a la Virgen María y porque el día de la fundación de la Congregación de loa Terciarios Capuchinos era Viernes de Dolores, os denominó Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores. Que ella os acompañe en vuestra vida, en vuestro servicio y a cuantas personas servís, como acompañó a su Hijo en su Pasión. Amen

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